Ciberseguridad marítima: cuando el riesgo no está en el sistema, sino en lo que depende de él
No hace falta hackear un barco para comprometer su operación
Los incidentes recientes relacionados con sistemas embarcados han vuelto a poner el foco en la ciberseguridad marítima y la protección de infraestructuras críticas.
Desde la perspectiva de la ciberseguridad OT, el problema no consiste únicamente en determinar si un sistema ha sufrido un ciberataque, sino en comprender hasta qué punto la operación de un buque depende de tecnologías y fuentes externas cuya disponibilidad e integridad no siempre están garantizadas.
Un buque moderno integra sistemas de navegación, automatización, generación eléctrica, gestión de maquinaria, comunicaciones satelitales y servicios de mantenimiento remoto. Aunque no todos comparten infraestructura, existen dependencias que pueden trasladar un problema de un sistema a otro.
El incidente reciente de un metanero que navegaba hacia Europa ilustra esta preocupación. La información publicada apunta a una incidencia operacional que la tripulación llegó a considerar una posible ciberamenaza, aunque no existe evidencia forense pública suficiente para confirmar una intrusión o determinar su origen.
Esta distinción es importante: una anomalía operacional no implica necesariamente un ciberataque.
GNSS, AIS y ECDIS: cuando el dato es incorrecto, pero el sistema funciona
Los sistemas GNSS, como GPS o Galileo, proporcionan información de posicionamiento, navegación y tiempo a diferentes equipos embarcados.
Su alteración puede producir dos situaciones:
Jamming: interferencias que degradan o impiden la recepción de señales GNSS.
Spoofing: manipulación de señales que provoca que el receptor calcule una posición incorrecta aparentemente válida.
El segundo escenario resulta especialmente interesante desde el punto de vista OT.
Sistemas como AIS y ECDIS pueden recibir y representar información procedente del GNSS. Por tanto, una posición incorrecta mostrada en pantalla no significa necesariamente que estos sistemas hayan sido comprometidos: pueden estar funcionando correctamente, pero utilizando una referencia falsa.
Existen antecedentes documentados.
En 2017, varios buques próximos a Novorossiysk, en el Mar Negro, registraron posiciones GNSS que los situaban tierra adentro, cerca del aeropuerto de Gelendzhik. Posteriormente, C4ADS documentó miles de episodios sospechosos de spoofing en diferentes regiones.
En agosto de 2026, IMCA recogió otro incidente en el Mar Rojo en el que la posición mostrada en ECDIS saltó decenas de millas y la velocidad calculada por GPS pasó aproximadamente de 12 a 39 nudos.
La tripulación identificó la incoherencia y recurrió a métodos alternativos de navegación.
La lección es clara: un dato puede ser válido desde el punto de vista del protocolo y, al mismo tiempo, ser incompatible con la realidad física.
Este principio también se aplica a una planta industrial, donde una variable puede transmitirse correctamente y mostrarse en una HMI sin representar el estado real del proceso.
Comunicaciones satelitales: una dependencia que también introduce riesgos
Las comunicaciones satelitales permiten conectar los buques con servicios terrestres para intercambio de información, telemetría, soporte técnico y, dependiendo de la arquitectura, mantenimiento remoto.
El riesgo no reside necesariamente en el satélite, sino en cómo se gestionan las redes, los accesos y las infraestructuras que dependen de esa conectividad.
Un ejemplo relevante es el ataque contra la red KA-SAT de Viasat, ocurrido el 24 de febrero de 2022.
Según el análisis técnico publicado por Viasat, los atacantes aprovecharon una configuración incorrecta en un dispositivo VPN para acceder a la infraestructura de gestión y ejecutar comandos administrativos que inutilizaron numerosos terminales.
El incidente afectó a decenas de miles de equipos en Ucrania y otros países europeos.
Lo significativo es que no fue necesario comprometer el satélite ni atacar individualmente cada terminal. El acceso a una infraestructura central de administración permitió afectar a numerosos dispositivos distribuidos.
Este caso demuestra cómo una función legítima de gestión puede convertirse en un punto crítico cuando se compromete el entorno desde el que opera.
El verdadero problema: las dependencias y la falsa redundancia
Aunque el spoofing GNSS y el ataque contra KA-SAT son técnicamente diferentes, ambos reflejan un problema común: la dependencia de tecnologías externas.
Esto obliga a revisar cómo entendemos la redundancia.
Dos sistemas de navegación no proporcionan independencia real si ambos utilizan la misma referencia GNSS. Del mismo modo, dos sistemas de supervisión pueden compartir un único punto de fallo si dependen de la misma infraestructura de comunicaciones.
Duplicar equipos no significa necesariamente eliminar dependencias comunes.
La resiliencia requiere identificar estas relaciones, contrastar fuentes independientes y garantizar que determinadas funciones puedan seguir operando cuando un servicio externo deja de estar disponible o resulta poco fiable.
Este enfoque también aparece en los requisitos IACS UR E26 y E27, orientados a la ciberresiliencia de los buques y sus sistemas embarcados, así como en las directrices de gestión del ciberriesgo marítimo de la Organización Marítima Internacional.
¿Qué implica esto para la ciberseguridad OT?
Proteger un entorno marítimo no consiste únicamente en aplicar controles tradicionales de IT.
La segmentación de redes, el control de accesos remotos, la gestión de activos y la supervisión de comunicaciones siguen siendo fundamentales, pero no suficientes.
También es necesario incorporar al análisis las dependencias de sistemas GNSS, comunicaciones satelitales, servicios externos y fuentes de información utilizadas para tomar decisiones operacionales.
La monitorización OT debe ser capaz de detectar no solo comunicaciones anómalas, sino también comportamientos incompatibles con el proceso físico.
Un salto de posición imposible, una velocidad incoherente o diferencias entre fuentes independientes pueden ser indicadores relevantes, incluso cuando no existe evidencia de malware o actividad sospechosa en la red.
La pregunta fundamental deja de ser únicamente:
¿Pueden comprometer este sistema?
Y pasa a ser:
Si este sistema falla o deja de proporcionar información fiable, ¿qué parte de la operación queda comprometida?
Los incidentes analizados muestran que no siempre es necesario atacar directamente un sistema de control para afectar a una operación.
En entornos OT, la ciberseguridad también implica proteger la confianza en los datos, las comunicaciones y las dependencias sobre las que se toman decisiones.
Fuentes de referencia
C4ADS – Above Us Only Stars.
IMCA – Safety Flash sobre interferencias GNSS en el Mar Rojo, agosto de 2026.
EASA – Safety Information Bulletin sobre GNSS Outages and Alterations, revisión de julio de 2026.
Viasat – Technical Analysis of the KA-SAT Cyber Attack, 2022.
Consejo de la Unión Europea – Atribución del ataque contra KA-SAT.
IACS – Unified Requirements E26 y E27.
IMO – Guidelines on Maritime Cyber Risk Management.


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